En su estrategia de seguir desregulando la economía, el Gobierno nacional derogó la prohibición de exportar hacienda en pie para la faena.
La medida genera un nicho más de negocios para el productor, al tiempo que la industria solicita reciprocidad con los envíos de cortes a los países importadores.
En principio, la medida fue bien recibida por los ganaderos, a los que la resolución les representa una opción de mercado más para los novillos terminados o recriados. Mientras que en la industria admiten que significa una pérdida de valor agregado.
Si bien la práctica de exportar hacienda en pie es utilizada por todos los países líderes en producción y exportación de ganado bovino, en el caso de Argentina la prohibición que regía desde hace más de 50 años la encuentra en un momento con limitaciones. La principal es la infraestructura, ya que la operatoria necesita de una logística aceitada en los puertos habilitados.
Mientras tanto, en la región países como Brasil y Uruguay han desarrollado en los últimos años una política de expansión de su comercio exterior de hacienda en pie, con un ritmo de venta que en el caso de los brasileños llega a 750 mil cabezas por año y en Uruguay a 250 mil.
Desde lo comercial, la industria frigorífica pide al Gobierno un tratamiento recíproco con el país comprador: si la operatoria permite enviar hacienda en pie con retención cero, lo mismo debería ocurrir con los cortes que Argentina envíe también a ese destino.







