Para mantener la consistencia en la producción de alfalfa, es fundamental aplicar un programa de fertilización adecuado.

En el Espacio Forrajero de esta semana, el ingeniero Juan Lus explicó por qué es clave nutrir el cultivo de alfalfa y qué aspectos deben considerarse en el manejo de la fertilización.

Factores que limitan el rendimiento

Según Lus, hoy existe un gran bagaje genético en alfalfa, con materiales de altísimo potencial de producción. Sin embargo, no siempre ese rendimiento se expresa a campo porque aparecen limitantes productivas que muchas veces los productores no tienen en cuenta.

Una de las principales restricciones es la acidificación de los suelos. En varias regiones de Argentina, el pH ha caído por debajo de 6. Esto impide el correcto funcionamiento de los rizobios, que son los microorganismos encargados de fijar el nitrógeno.

La acidificación también provoca deficiencias de calcio y magnesio. Estos nutrientes son esenciales para el crecimiento de la alfalfa, pero además su ausencia genera desestabilización en la estructura del suelo. Como consecuencia, aumenta la compactación, lo que restringe el desarrollo radicular y reduce la capacidad de captación de agua.

Este escenario lleva a que cultivares con gran potencial no logren expresarlo. El productor, entonces, suele pensar que falló la genética, cuando en realidad lo que ocurre es que las limitantes químicas y físicas del suelo están condicionando el rendimiento.

Lus remarcó que estos factores muchas veces pasan desapercibidos. El cambio en la estructura de los suelos y en la matriz productiva plantea un nuevo desafío: ajustar la fertilización y el manejo integral para que la alfalfa pueda expresar su verdadero potencial.

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