Las bananas que antes quedaban fuera del circuito comercial hoy se convierten en un alimento con valor agregado.
En el norte de Salta, una comunidad indígena impulsa un proyecto que transforma excedentes productivos en harina sin gluten. Así, las bananas encuentran una nueva oportunidad productiva con impacto social y económico.
La experiencia se desarrolla en la comunidad Tupí Guaraní Iguopeigenda, en Río Blanco Banda Sur. Allí, diez familias procesan bananas de descarte para elaborar harina apta para múltiples preparaciones. Además, el proyecto cuenta con apoyo técnico del INTA Yuto y financiamiento del Gobierno provincial. De este modo, las bananas dejan de ser un residuo para convertirse en un insumo con demanda creciente.
Agregar valor en origen y reducir pérdidas
Por un lado, la iniciativa permitió reducir el desperdicio de fruta. Por otro, abrió una alternativa de ingresos para las familias productoras. Según técnicos del INTA, el bajo precio de la banana fresca impulsó la búsqueda de nuevas opciones. En consecuencia, se trabajó en sumar valor desde el origen.
El proyecto dio un salto en 2025. A partir de un programa socioproductivo provincial, se incorporó equipamiento clave. Se adquirieron un deshidratador, un molino y una envasadora. Gracias a esta inversión, la producción comunitaria alcanzó un rendimiento de entre 10% y 15% de harina por kilo de fruta procesada.
Asimismo, el equipo técnico acompaña la formalización del producto. Se avanza en la adecuación al Código Alimentario Argentino. También se trabaja en la caracterización nutricional, el desarrollo de nuevos alimentos y el diseño de una marca propia. Todo esto busca ampliar mercados y garantizar calidad.
En cuanto a sus propiedades, la harina de banana es rica en almidón resistente. Este componente favorece el metabolismo y regula el tránsito intestinal. Además, tiene bajo índice glucémico, por lo que resulta apta para personas con diabetes.
Mientras tanto, las familias ya realizaron pruebas culinarias. Prepararon pizzas, budines, cupcakes y alfajores. Los primeros lotes se vendieron a nivel local con buena aceptación. Al mismo tiempo, comenzaron a llegar pedidos desde Córdoba, Mendoza y Chaco.
El proyecto se expande a las aulas
Finalmente, la experiencia también llegó al ámbito educativo. La propuesta se replicó en escuelas de la región. Estudiantes participaron en ferias de ciencias con productos elaborados a partir de harina de banana. El objetivo es claro: que los jóvenes valoren los cultivos locales y los vean como una oportunidad de desarrollo.
Fuente: Inta Informa







