La aplicación selectiva de herbicidas promete reducir entre un 70% y un 90% el uso de insumos, según la presión de malezas. Sin embargo, su adopción en la Argentina todavía avanza a un ritmo menor al esperado.
El ingeniero agrónomo Fernando Scaramuzza, especialista en agricultura de precisión, analizó las razones que explican esta situación. Destacó que el control selectivo representa uno de los mayores avances para mejorar la eficiencia de las pulverizaciones.
Desde 2019, el mercado evolucionó con rapidez. En ese momento solo dos empresas ofrecían esta tecnología. En la actualidad ya son alrededor de diez las que comercializan equipos para este tipo de aplicaciones.
A pesar de ese crecimiento, existen unas 1.300 máquinas operativas con control selectivo. Para Scaramuzza, esa cifra refleja que la adopción todavía está lejos del potencial que ofrece la tecnología.
¿Qué frena la adopción de la aplicación selectiva?
El especialista explicó que uno de los principales obstáculos es el contexto económico. Aunque el ahorro de herbicidas es muy importante, muchas empresas postergan inversiones por la incertidumbre del mercado.
También influye el modelo productivo argentino. Una gran parte de la superficie agrícola está bajo arrendamiento y la mayoría de las pulverizaciones son realizadas por contratistas. Esa estructura dificulta que quienes realizan la inversión sean siempre quienes reciben el mayor beneficio económico.
Otro factor es la complejidad técnica. La tecnología requiere equipos correctamente configurados y operarios capacitados para garantizar un funcionamiento eficiente.
A esto se suma una barrera cultural. Durante décadas predominó el esquema de aplicaciones en cobertura total. El control selectivo propone un enfoque diferente, basado en tratar únicamente las malezas presentes y no toda la superficie.
Scaramuzza sostuvo que este cambio de paradigma demanda capacitación, tiempo y nuevas formas de tomar decisiones. Consideró que el desafío ya no pasa por demostrar que la tecnología funciona, sino por acelerar su incorporación en los sistemas productivos.
En ese escenario, la aplicación selectiva aparece como una herramienta clave para producir de manera más eficiente. El objetivo no es aplicar más insumos, sino utilizarlos únicamente donde generan valor, reduciendo costos y mejorando la sustentabilidad de la producción.







