El manejo de la materia seca es fundamental para definir los procesos, las tecnologías y las estrategias de conservación de forrajes.

El ingeniero agrónomo Pablo Cattani, director de Espacio Forrajero, destacó su importancia para mejorar la calidad del heno y los silajes, favorecer el consumo animal y optimizar las raciones.

Según explicó el especialista, se trata de un parámetro al que muchas veces no se le presta suficiente atención. Sin embargo, su correcta gestión permite prevenir pérdidas de calidad y ajustar las prácticas de conservación a las necesidades de cada sistema productivo.

En la confección de heno, por ejemplo, uno de los objetivos es conservar la mayor cantidad posible de hojas adheridas al tallo. Esto resulta clave para obtener una buena relación entre fibra y proteína, además de favorecer la digestibilidad y el consumo del forraje.

Para lograrlo, es necesario controlar el proceso de secado. Cattani señaló que el material debe conservar suficiente humedad durante la confección, pero sin superar el 20% de humedad, para evitar problemas sanitarios.

El impacto en los silajes y el consumo animal

La materia seca también tiene una incidencia directa en la conservación de pasturas mediante ensilaje. En estos casos, un contenido demasiado bajo puede afectar tanto el consumo como la fermentación del material.

El especialista advirtió que los silajes de pasturas suelen destinarse a animales de bajo peso y categorías de recría. En esos sistemas, el consumo puede resentirse cuando el forraje presenta un exceso de humedad.

Además, las fermentaciones prolongadas pueden provocar transformaciones en las proteínas. Parte del nitrógeno proteico pasa a nitrógeno amoniacal, lo que evidencia la necesidad de controlar las condiciones del proceso.

En este sentido, Cattani remarcó que el uso de inoculantes no resuelve por sí solo todos los inconvenientes. Aunque pueden contribuir a mejorar la fermentación, no solucionan necesariamente los problemas de consumo ni las pérdidas asociadas al escurrimiento de líquidos dentro del silo.

Por eso, recomendó ajustar las prácticas de confección en función de las características del material y de los objetivos productivos.

 

Largo de corte y calidad nutricional

Otro aspecto señalado por Cattani es la necesidad de definir el largo de corte según el destino del forraje y los requerimientos de los animales.

En ocasiones, esta decisión se toma únicamente en función de la humedad del material. Sin embargo, también debe contemplar el consumo esperado y las necesidades de fibra efectiva para estimular la rumia.

En los silajes energéticos, como los de maíz y sorgo, las condiciones de confección pueden influir en el aprovechamiento del alimento. Un manejo inadecuado puede afectar la digestibilidad, la concentración energética y la proporción de almidón disponible en los granos.

Por eso, el especialista planteó que el tamaño de picado debe responder a los objetivos de alimentación y no solamente a las condiciones del forraje al momento de la cosecha.

Entre las alternativas para la próxima campaña, propuso evaluar un picado más alto. Esta práctica permitiría concentrar una mayor proporción de materia seca y contribuir a mejorar las condiciones de fermentación.

 

Ajustar las raciones para evitar pérdidas

La planificación también debe contemplar la preparación de las raciones. Según explicó Cattani, un exceso de agua en el mixer reduce la concentración de materia seca y puede limitar el consumo de los animales.

Frente a esta situación, recomendó trabajar sobre las características del forraje desde el inicio del proceso. El objetivo es alcanzar los niveles de materia seca que requiere cada sistema de alimentación, en lugar de recurrir únicamente a soluciones correctivas. Como referencia, mencionó contenidos del 30% al 40% de materia seca, según las necesidades del material y su destino.

Finalmente, Cattani sostuvo que una planificación más precisa permitirá mejorar la conservación de los forrajes y el aprovechamiento nutricional. Para la próxima campaña, el desafío será ajustar cada decisión técnica a los requerimientos productivos y evitar pérdidas que afecten la eficiencia del sistema.

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