El rastrillo ocupa un lugar clave en la conservación de forrajes, ya que es una de las etapas donde pueden generarse importantes pérdidas de cantidad y calidad.

Así lo explicó el Ing. Agr. Pablo Cattani, especialista en forrajes conservados y director de Espacio Forrajero. Según señaló, el proceso de rastrillado debe adaptarse a la tecnología disponible y a las condiciones del forraje.

En este sentido, destacó que se trata de una etapa que requiere especial atención. El objetivo es lograr un buen trabajo con el menor costo posible, pero sin resignar calidad.

Cattani explicó que existen tres grandes categorías de implementos para esta tarea. Cada una presenta características, costos y requerimientos diferentes.

La primera corresponde a los rastrillos estelares o de sol. Son equipos conocidos desde hace décadas y actualmente se utilizan principalmente en configuraciones en V. Su principal ventaja es el bajo valor de adquisición. Sin embargo, presentan como principal inconveniente un mayor nivel de pérdidas de forraje.

Para reducirlas, resulta fundamental controlar la altura de trabajo. Además, el implemento debe mantenerse correctamente nivelado respecto del piso. También es importante controlar la presión de las ruedas. Las posteriores no deberían tener mayor presión que las delanteras, porque esto puede incrementar la contaminación con tierra.

Según Cattani, este aspecto adquiere especial relevancia en la conservación de forrajes. La presencia de tierra debe ser uno de los principales factores a considerar al momento de definir los procesos.

 

Tres alternativas para el proceso de rastrillado

En el caso de los rastrillos estelares, el especialista recomendó trabajar con entre 25% y 30% de materia seca. De esta manera, se busca conservar un remanente de humedad que facilite el manejo del material.

La segunda alternativa son los rastrillos giroscópicos. Estos equipos se han incorporado cada vez más a los sistemas de producción y permiten realizar un trabajo de alta calidad. Sin embargo, su costo de adquisición es superior al de los modelos estelares. Además, requieren trabajar con una toma de fuerza a bajas revoluciones.

Cattani recomendó utilizar entre 380 y 420 rpm. También consideró conveniente conservar cierto remanente de humedad para mantener el heno más esponjoso. A la vez, remarcó la necesidad de controlar la velocidad de avance. Un exceso puede afectar la calidad del trabajo realizado.

La tercera alternativa está representada por los agrupadores de hileras, también conocidos como mergers o equipos con cintas transportadoras. En este caso, el costo de adquisición es mayor. A cambio, permiten trabajar tanto con forraje húmedo como seco.

Además, los sistemas de copiado mediante patines o ruedas evitan que el forraje tome contacto directo con el suelo. Por lo tanto, la contaminación con tierra puede reducirse considerablemente.

Estos equipos también ofrecen una elevada capacidad de trabajo. Según las condiciones del lote, pueden alcanzar velocidades de entre 15 y 20 kilómetros por hora. El requerimiento de potencia es relativamente bajo, aunque necesitan una toma de fuerza de 1.000 rpm y un sistema de enganche de tres puntos.

Otra ventaja es su versatilidad. El material puede ser agrupado hacia los laterales o hacia el centro, según las necesidades del sistema.

Finalmente, Cattani destacó que tanto el proceso como la tecnología tienen un papel determinante. Trabajar con un remanente de humedad resulta importante, pero en determinadas situaciones los procesos por sí solos no alcanzan.

Por eso, la incorporación de tecnología puede ser fundamental para obtener forrajes de calidad, reducir la contaminación con tierra y sostener sistemas productivos orientados a mercados cada vez más exigentes.

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