La calidad del forraje es un objetivo constante en toda planificación ganadera. Sin embargo, no siempre es rentable priorizarla por encima del volumen obtenido.

Así lo explicó el especialista Juan Elizalde, al analizar los dilemas que enfrentan los productores al definir su estrategia forrajera.

 

Equilibrio entre calidad, cantidad y costos

“El objetivo siempre debe ser la calidad”, sostuvo Elizalde, aunque aclaró que hay momentos en que conviene dejarla en segundo plano. Cuando por buscar más digestibilidad se cosecha menos y el costo por kilo de materia seca ensilada se dispara, se vuelve necesario reevaluar la estrategia.

El análisis económico es clave. Si los suplementos —como el expeller de soja o el maíz— están caros, conviene priorizar la calidad del forraje para depender menos de esos insumos. En cambio, cuando esos ingredientes están baratos, puede ser más conveniente sacrificar calidad y buscar mayor volumen por hectárea.

Elizalde remarcó que cada decisión debe tomarse según el contexto: “Si el maíz y el expeller de soja son económicos, juntamos materia seca. Si están caros, apostamos a la calidad”.

También destacó que este equilibrio varía según el sistema productivo. En un tambo, la vaca lechera demanda una fibra de alta digestibilidad, lo que obliga a ensilar antes y resignar rinde. Por el contrario, en un feedlot, donde se busca energía y estructura para el rumen, se puede permitir una fibra menos digestible.

En definitiva, la calidad del forraje debe analizarse siempre en función del costo de los suplementos, el tipo de sistema y los objetivos productivos. “No hay una receta única —cerró Elizalde—, pero siempre hay que hacer las cuentas antes de bajar la cuchilla.”

 

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