Los cultivos de invierno requieren estrategias de manejo específicas para expresar su potencial productivo. Así lo explicó el ingeniero agrónomo Ricardo Maich durante una presentación realizada en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC.

El especialista remarcó que no todos los cultivos deben ser regados o fertilizados de manera indiscriminada. Cada especie responde de forma diferente al agua y a la nutrición. Por eso, el manejo debe ajustarse a cada caso.

Maich propuso analizar los resultados a partir de tres situaciones productivas. En primer lugar, el rendimiento logrado a secano. Luego, dos niveles de rendimiento alcanzable bajo manejo intensificado.

El primer nivel alcanzable contempla el aporte hídrico. El segundo suma nutrición nitrogenada, además del riego. Esta diferenciación permite evaluar con mayor precisión la respuesta de los cultivos de invierno.

 

Resultados en trigo, garbanzo y lino

El trigo fue el cultivo elegido como referencia inicial. En condiciones de secano, el rendimiento promedio fue de 3.826 kilos por hectárea, un valor levemente superior a la media provincial.

Con riego, aplicando 154 milímetros en cuatro eventos, el rendimiento ascendió a 4.612 kilos. El salto productivo fue claro, incluso en un año con buenas precipitaciones.

Cuando al riego se le sumó fertilización con 92 kilos de nitrógeno al inicio del macollaje, el rendimiento alcanzó valores cercanos a los 6.000 kilos por hectárea. Estos resultados se lograron bajo condiciones controladas de riego y nutrición.

En el caso del garbanzo, la mayor respuesta se observó con riego sin fertilización. El rendimiento alcanzó las 2 toneladas por hectárea, con picos excepcionales de hasta 2,8 toneladas en campañas anteriores.

En cambio, el tratamiento con fertilización nitrogenada temprana mostró menores resultados. El rendimiento fue inferior al del secano, lo que marcó una respuesta negativa al agregado de nitrógeno.

El lino presentó un comportamiento diferente. Tanto en secano como con riego sin fertilización, el rendimiento fue de 1,2 toneladas por hectárea.

Sin embargo, al combinar riego y fertilización, el rendimiento trepó a 1,85 toneladas. Esto representó un incremento cercano al 60 por ciento.

Según Maich, el lino mostró una alta eficiencia en el uso del nitrógeno. A diferencia del trigo, logró superar ampliamente al secano y al riego simple.

Estos resultados refuerzan la necesidad de ajustar el manejo de los cultivos de invierno según su respuesta fisiológica y su interacción con el agua y los nutrientes.

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