Un buen indicador para conocer el nivel de actividad del mercado inmobiliario rural en nuestro país es el Incair que publica mensualmente la Cámara de Inmobiliarias Rurales (CAIR).
En marzo dicho índice fue de 43,34 puntos, que, si bien fue más elevado que el de los dos primeros meses del año, nos estaría indicando que el mercado inmobiliario rural en Argentina no termina de despegar.
Con sus altos y bajos, desde fines de 2011 el mercado se encuentra deprimido. Ello coincide con la implementación del cepo cambiario en octubre de 2011. En todos estos años la actividad inmobiliaria rural nunca alcanzó los elevados niveles de actividad que hubo entre los años 2002 y 2011.
Por otro lado, la actividad del mercado no es uniforme en todas las regiones del país. La Región Pampeana suele presentar mayor movimiento que otras regiones, tales como el NEA y el NOA. A su vez, no se demanda por igual campos de diferente aptitud productiva. En los últimos años, la demanda fue más selectiva por campos agrícolas o mixtos bien ubicados que campos ganaderos y alejados de la Región Pampeana.
Si se comparan los valores de la tierra de mayo de este año en relación a los publicados el año pasado, se observa que la mayoría de los campos agrícola han tendido a incrementar su valor en el orden del 5 al 15% según calidad de suelo y ubicación. No sucedió lo mismo con la evolución de los precios de los campos ganaderos, que han mantenido su valor en el centro y sur provincial y han tendido a la baja en el Norte. Esto último es más notable en aquellos campos ubicados en el arco Noroeste, debido a las fuertes restricciones impuestas por la Ley de Bosque. En esa zona, la oferta es significativamente mayor que la escasa o nula demanda.
Llama la atención que no haya mayor demanda de campos ganaderos en zonas no afectadas por la Ley de Bosque, ya que en la actualidad la cantidad de kilos de ternero o de vacas necesarios para comprar una hectárea de campo de cría, es altamente conveniente por los altos valores en dólares que tiene la hacienda en la actualidad.
Quizás la explicación se deba a que la ganadería es una actividad que requiere un horizonte más prolongado y todavía no estén dadas las condiciones en nuestro país para hacer inversiones que maduren en el mediano y largo plazo. Otra posible explicación podría ser que las nuevas generaciones no tengan la misma vocación ganadera que tuvieron sus predecesores.
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Fuente: SRJM con información de García Astrada Inmobiliaria Rural







