El índice Fada mostró en diciembre que de cada $ 100 pesos por hectárea que obtuvo el productor, $ 56,3 fueron al pago de algún impuesto. Es el nivel más bajo desde mediados de 2018.

La agenda impositiva fue la que dominó el 2025 en el sector agropecuario. La puja por que el Gobierno cumpliera con su promesa de eliminar las retenciones se cumplió a medias, con rebaja que a lo largo del año le devolvieron competitividad al sector.

Y así vemos, a partir del índice que elabora la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina mostró en diciembre el reflejo de la baja permanente de las Retenciones o Derechos de Exportación (DEX) anunciada en diciembre.

Aún con esta baja, el peso de los impuestos en el agro continúa siendo alto: más de la mitad de lo que genera una hectárea agrícola se destina al pago de impuestos.

El índice que mide el impacto de los impuestos sobre la renta agrícola mostró que alcanzó a 56,3%. Es decir que de cada 100 pesos que recibió el productor, luego de deducir los costos de producción, 56,3 se fueron en impuestos. De esos 100 que le quedan al productor.

27,9% es para el pago del arrendamiento o el costo de oportunidad de la tierra; 15,8% es la ganancia y 56,3% en el pago de tributos.

En comparación a septiembre, cuando fue de 60,9%, son 4,6 puntos porcentuales menos.

Para ver un índice de esta magnitud hay que retrotraerse hasta mediados de 2018.

En la distribución geográfica, el índice de Fada muestra que San Luis, con 51,4% es la provincia con menos presión impositiva, seguridad por Santa Fe: 53,5%; La Pampa: 53,6%; Córdoba: 54,3%; Buenos Aires: 54,5% y Entre Ríos: 60,3%.

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