El programa Gen Nativo del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba se consolidó como una herramienta clave para restaurar ecosistemas y cumplir con la Ley Agroforestal provincial.
En los últimos tres años, la iniciativa instaló cinco laboratorios en: Corralito, San Francisco, Laboulaye, Coronel Moldes y Despeñaderos. El objetivo es producir y distribuir árboles y arbustos nativos para productores rurales, municipios, escuelas e instituciones públicas.
Con el apoyo de la Red Provincial de Viveros, Gen Nativo ya generó cerca de 300.000 ejemplares y se propone alcanzar los 100.000 árboles distribuidos durante 2025. El programa no sólo apunta a incrementar la masa forestal, sino también a fortalecer la educación ambiental y la biodiversidad en las zonas rurales.
Luisina Battistón, bióloga y jefa del Área Agroforestal de la Secretaría de Agricultura y Recursos Naturales, destacó que el objetivo es garantizar una producción estable y continua: “Buscamos reducir costos para los productores y acercar los viveros a sus zonas. Así no sólo se cumple la Ley Agroforestal, también se restauran agroecosistemas y se generan servicios ambientales”.
Por su parte, el secretario de Agricultura y Recursos Naturales, Marcos Blanda, subrayó la dimensión ambiental del programa. “Asumimos la responsabilidad de cuidar y generar recursos naturales con una mirada sostenible. Gen Nativo es una muestra concreta de ese compromiso, al combinar ciencia, gestión pública y producción sustentable”.
Un proyecto pionero con impacto provincial
El programa nació en el marco de la Ley Agroforestal N° 10.467, sancionada en 2017 y reglamentada en 2018. Esta convirtió a Córdoba en la primera provincia argentina en establecer un porcentaje obligatorio de forestación en los establecimientos agropecuarios. Según la norma, los productores deben destinar entre el 2% y el 5% de sus campos a la plantación de especies nativas.
Pero el impacto ambiental de Gen Nativo va mucho más allá del cumplimiento legal. Las plantaciones con especies autóctonas aportan a la regulación hídrica, la recuperación de suelos degradados y creación de corredores biológicos beneficiosos para la fauna local. También favorecen la presencia de polinizadores, fundamentales para la producción agrícola.
En julio pasado se inauguró el laboratorio de Despeñaderos, el más reciente en sumarse a la red. La intendenta Carolina Basualdo valoró su relevancia. “Gen Nativo nos permite trabajar de manera federal y descentralizada, generando producción local y fortaleciendo el vínculo entre municipios, productores y sector privado”, dijo.
Este laboratorio incorpora una línea dedicada a la producción de especies herbáceas y arbustivas nativas, complementaria del programa municipal Despeñaderos Florece, que promueve el cultivo de flores ornamentales.
Tecnología aplicada a la producción de árboles
Las instalaciones de Gen Nativo funcionan más como laboratorios que como viveros tradicionales. Allí se reproducen especies como algarrobo, chañar, sen de campo, espinillo, cina cina, moradillo y aguaribay, entre otras. Las semillas provienen del Movimiento Campesino y del Banco Nacional de Germoplasma de Prosopis.
Según explicó María José Asili, técnica del programa, las semillas pasan por un proceso de análisis de calidad y clasificación antes de la siembra. “Cada una recibe un código que indica su zona de procedencia, lo que permite devolver los ejemplares a su ecorregión original”, señaló.
El ingeniero agrónomo David Agüero, responsable técnico del programa, detalló que la cámara de germinación opera con temperaturas controladas entre 22 y 30 grados. También se ajustan el fotoperiodo y la humedad para favorecer el crecimiento. Las semillas se siembran en bandejas de 30 a 35 alvéolos sobre un sustrato compuesto por vermiculita y perlita, materiales que retienen la humedad y garantizan aireación.
El laboratorio de Corralito, uno de los primeros en inaugurarse, cuenta con sistemas automatizados de climatización y generación eléctrica, y puede producir hasta 7.000 plantas cada diez días en condiciones óptimas.
Del laboratorio al campo
Cuando los plantines alcanzan entre 5 y 10 centímetros, son trasladados al invernadero para su repique. Battistón explicó que se trata de un momento delicado, ya que las plantas pasan de un ambiente totalmente controlado a otro con riego y cobertura parcial. En esa etapa, permanecen entre uno y seis meses antes de ser trasladadas al exterior.
El invernadero puede albergar hasta 10.000 ejemplares, mientras que los macrotúneles y áreas a cielo abierto suman una capacidad de 40.000 más. Además, el programa trabaja en red con escuelas agrotécnicas, municipios y el Servicio Penitenciario, instituciones que colaboran con las tareas de trasplante y mantenimiento. Esta articulación genera espacios de capacitación, reinserción laboral y educación ambiental.
La etapa final, denominada “rustificación”, consiste en adaptar los ejemplares al ambiente natural. Durante seis meses a un año, las plantas se exponen gradualmente a la radiación solar y a las condiciones climáticas locales, con riego asistido.
Investigación, monitoreo y formación
Gen Nativo colabora con el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-CONICET) y la Universidad Nacional de Córdoba para evaluar tratamientos pregerminativos y determinar qué especies se adaptan mejor a cada zona productiva. Los resultados de estos ensayos se integran a la plataforma Mapas Córdoba de IDECOR, donde los productores pueden acceder a datos sobre supervivencia, crecimiento y comportamiento de las especies.
Actualmente, la red de ensayos incluye 25 sitios distribuidos en toda la provincia, con más de 15.000 árboles monitoreados. Los datos se actualizan de forma continua y están disponibles para productores, investigadores y público general.
Battistón destacó que la meta para el próximo ciclo es distribuir 100.000 ejemplares, respondiendo a una demanda creciente. “La temporada principal de cultivo va de septiembre a diciembre, aunque también recomendamos plantar entre febrero y abril”, indicó.
Los productores que forman parte de la Red de Ensayos Forestales reciben asesoramiento técnico y pueden acceder hasta a 900 árboles por campaña. Además, suman puntos en el programa de Buenas Prácticas Agropecuarias, contribuyendo así a la sostenibilidad de sus sistemas productivos.
Finalmente, el programa se consolida también como un espacio educativo. Las instituciones escolares visitan regularmente los laboratorios, y muchos estudiantes desarrollan allí sus trabajos de tesis. “Los Gen Nativo no son sólo lugares de producción: también son centros de capacitación, investigación y divulgación”, resumió Battistón.
En apenas tres años, este proyecto cordobés demostró que es posible combinar ciencia, gestión pública y compromiso ambiental para recuperar la biodiversidad y promover una producción agropecuaria más equilibrada.







