En un contexto desafiante para el agro, la Ley de Semillas volvió a ubicarse en el centro del debate durante Expoagro. Desde la dirigencia rural, destacaron la necesidad de actualizar la normativa sin descuidar los derechos del productor.
Durante su participación en la muestra, Andrea Sarnari, presidenta de Federación Agraria Argentina, señaló que el evento funciona como una vidriera del potencial productivo del país. Allí se concentra la innovación en maquinaria, genética y tecnología.
En este sentido, remarcó que Expoagro permite dimensionar el esfuerzo de toda la cadena agroindustrial. Además, sostuvo que este impulso es clave para seguir fortaleciendo al sector.
Por otro lado, uno de los ejes principales fue el anuncio oficial sobre una posible modernización del marco legal. En particular, se planteó avanzar hacia un sistema que contemple la propiedad intelectual en semillas.
Modernización y equilibrio en la nueva normativa
Sin embargo, desde el sector productivo advirtieron que cualquier cambio en la Ley de Semillas debe contemplar un equilibrio. Es decir, proteger tanto a la industria como a los agricultores.
Según explicó Sarnari, resulta necesario actualizar una legislación que data de 1973. No obstante, aclaró que esta actualización debe adaptarse a las nuevas tecnologías sin afectar derechos adquiridos. En consecuencia, uno de los puntos centrales del debate es el uso propio de semillas. Este aspecto es considerado fundamental por los productores.
Desde la dirigencia rural se destaca que los agricultores cumplen un rol clave en el proceso productivo. Son quienes siembran, monitorean las condiciones y gestionan cada etapa del cultivo. Por lo tanto, cualquier modificación de la Ley de Semillas debe reconocer ese trabajo. También debe evitar perjuicios que impacten en la rentabilidad del sector.
Además, desde las entidades se impulsa la construcción de un proyecto consensuado. La intención es lograr una normativa que represente a todos los eslabones de la cadena.
Finalmente, Sarnari subrayó que el desafío pasa por encontrar un punto de equilibrio. De este modo, se podrá avanzar hacia un sistema más moderno, sin resignar derechos históricos del productor.







