La recría es una etapa clave para expresar el potencial productivo del animal y transformar ese potencial en kilos de carne con el menor costo posible.

En un contexto de crecimiento de la actividad ganadera, el manejo de esta etapa adquiere cada vez mayor importancia. Así lo explicó el Ing. Agr. Víctor Burghi, director de Ganadería y Pasturas 4.0.

Según el especialista, existen distintos tipos de recría y su manejo depende del tamaño de los animales, la región y la época del año. También influyen los ciclos de servicio y los recursos forrajeros disponibles en cada zona.

En las regiones templadas, por ejemplo, la recría comienza antes. En el norte del país, en cambio, los servicios son más tardíos y la etapa se desarrolla con otros recursos forrajeros.

Burghi resume el manejo en tres parámetros fundamentales: objetivo, recurso y medición. El primer punto consiste en definir qué animal se quiere obtener. “Cuántos ladrillos le quiero poner” es la forma que utiliza para explicar cuánto se pretende construir de la carcasa antes de que el animal llegue a la etapa de terminación.

De esta manera, un ternero puede ingresar posteriormente a un feedlot con una estructura adecuada para completar su terminación. La nutrición también tendrá incidencia sobre las características de la carne que finalmente llegará al consumidor.

El recurso define buena parte del manejo

El segundo parámetro es el recurso forrajero. No es lo mismo trabajar con una pastura diferida que hacerlo con una pastura templada con alfalfa o con verdeos.

A partir de esa disponibilidad se debe definir el sistema de suplementación. El aporte de alimento adicional debe complementar aquello que falta en la dieta y responder a un objetivo productivo concreto.

Por eso, suplementar no constituye una solución por sí misma. Si falta pasto, la suplementación tendrá que contemplar esa limitación. Si existe una buena disponibilidad y calidad de forraje, el planteo será diferente.

El tercer aspecto es la medición. Para Burghi, resulta fundamental pesar los animales y conocer la evolución del recurso forrajero. La recomendación es realizar controles cada 21 días o, como mínimo, una vez al mes. De esa manera, el productor puede saber si los animales realmente están alcanzando la ganancia de peso prevista.

“Una cosa es ver un animal lindo y otra es ver un animal produciendo”, señaló el especialista. Un animal puede presentar buen estado corporal y estar ganando 400 gramos diarios, mientras otro puede alcanzar 800 gramos.

En ese sentido, Burghi plantea como referencia una ganancia de entre 600 y 800 gramos diarios durante la recría, aunque el objetivo debe ajustarse a cada sistema.

De 180 a 300 kilos con un objetivo definido

Un planteo posible consiste en comenzar con animales de 180 a 190 kilos y llevarlos hasta los 280 o 300 kilos. Así, el objetivo es sumar aproximadamente 100 kilos antes de avanzar hacia la terminación.

El tiempo necesario dependerá del recurso forrajero disponible y de la suplementación estratégica. Por eso, primero se debe establecer qué kilos se quieren producir y en cuánto tiempo.

La clave está en vincular ese objetivo con la oferta de alimento y controlar periódicamente los resultados. Sin medición, resulta difícil saber si el sistema está funcionando de acuerdo con lo previsto.

En definitiva, una recría eficiente requiere planificación y seguimiento. El productor debe conocer qué recurso tiene, cuánto alimento necesita aportar y qué ganancia de peso está obteniendo.

La suplementación, además, debe utilizarse como una herramienta dentro de un planteo integral. Su eficacia dependerá de la calidad y cantidad del forraje disponible y del objetivo productivo definido.

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