Las lluvias de marzo llegaron en un contexto complejo para los cultivos, tras un ciclo marcado por restricciones hídricas y temperaturas elevadas.

Un informe de la BCCBA indica que en Santiago del Estero el resultado final de la campaña se definió en un escenario exigente. Durante buena parte del ciclo, la falta de agua condicionó el desarrollo de los cultivos. A esto se sumaron temperaturas altas que profundizaron el estrés.

Estas condiciones limitaron el crecimiento de las plantas. También redujeron su capacidad de generar estructura. Uno de los aspectos más afectados fue la expresión del área foliar, clave para definir el rendimiento.

En muchos lotes, el cultivo no logró desarrollar el follaje necesario. Esto impactó directamente en la captación de radiación y en la generación de biomasa. Como consecuencia, los rindes se vieron comprometidos en distintas regiones productivas.

 

Un escenario marcado por la falta de agua

La ausencia de precipitaciones oportunas fue determinante. A lo largo del ciclo, el déficit hídrico se hizo sentir en momentos críticos para el desarrollo de los cultivos.

En este contexto, las lluvias de marzo llegaron como un alivio parcial. Sin embargo, su impacto fue limitado debido a que ocurrieron en etapas avanzadas del ciclo. Para muchos cultivos, ya era tarde para revertir las pérdidas.

Además, se estimó que un 4% de la superficie implantada no llegó a cosecha. La principal causa fue la sequía, que afectó de manera directa la viabilidad de los lotes.

El escenario dejó en evidencia la importancia de contar con condiciones climáticas adecuadas en momentos clave. También resalta la necesidad de estrategias de manejo que permitan mitigar estos efectos.

De cara a lo que viene, las lluvias vuelven a poner en agenda la variabilidad climática. Este factor se consolida como uno de los principales desafíos para la producción agropecuaria.

Informe completo de la BCCBA aquí

 

 

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