Después de dos campañas con abundantes precipitaciones, el achaparramiento no es la única preocupación sanitaria para el maíz. La continuidad de condiciones húmedas podría favorecer la aparición y expansión de otras enfermedades. Entre ellas se destacan la mancha blanca, las bacteriosis y distintos problemas que afectan raíces y tallos.

Así lo explicó el ingeniero agrónomo Roberto de Rossi, investigador y docente de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), durante el 5º Congreso Internacional de Maíz. El especialista planteó que será necesario prestar atención a la presión sanitaria acumulada y ajustar las estrategias de manejo.

En las últimas dos campañas, la mancha blanca tuvo una presencia importante en distintas regiones. Según De Rossi, influyeron la susceptibilidad de algunos híbridos y manejos que no siempre fueron adecuados.

La enfermedad se convirtió en una limitante productiva en determinadas zonas. Esto ocurrió incluso cuando el achaparramiento no tuvo la incidencia que había caracterizado a ciclos anteriores.

También se registraron problemas de bacteriosis y la aparición de enfermedades como bipolaris y curvularia, que hasta hace poco tenían menor presencia en Argentina. A esto se sumaron las condiciones de cosecha. Los otoños húmedos demoraron las tareas y favorecieron pudriciones de raíces y tallos, además del quebrado de plantas.

Rotaciones y manejo, las principales herramientas preventivas

Para De Rossi, si continúa el escenario de humedad, algunos de estos problemas podrían intensificarse durante la próxima campaña. Frente a esa posibilidad, consideró que la principal respuesta no pasa necesariamente por tratamientos específicos, sino por un manejo agronómico adecuado.

Entre las decisiones importantes mencionó la fecha de siembra, la densidad y la elección de tratamientos de semillas acordes con cada zona y sus condiciones ambientales.

Sin embargo, destacó especialmente la importancia de la rotación. Recordó que, antes de la epidemia de achaparramiento, en el centro-norte de Córdoba había más superficie sembrada con maíz que con soja. Luego, el temor a la enfermedad redujo la intención de siembra. Cuando la superficie volvió a crecer, se multiplicaron los lotes de maíz sobre maíz.

Esa situación favoreció la intensificación de algunos problemas sanitarios. Por eso, advirtió que repetir el cereal sobre el mismo lote en un año húmedo puede resultar especialmente complicado para las enfermedades radiculares.

Chicharrita y monitoreo de las poblaciones

En relación con la chicharrita, el investigador señaló que su presencia debe considerarse parte de la realidad productiva. El desafío consiste en determinar dónde aparece y con qué intensidad.

Las regiones del NEA y NOA pueden enfrentar mayores riesgos. Córdoba, por su ubicación de transición, necesita seguir de cerca lo que sucede hacia el norte y el este, especialmente por el comportamiento de los maíces tardíos.

Para los cultivos tempranos, el panorama inicial es más favorable. De Rossi explicó que las poblaciones actuales son bajas y que las condiciones ambientales no indican, por el momento, un riesgo significativo para esos lotes.

Sin embargo, recomendó seguir atentamente la evolución de las poblaciones para las siembras de diciembre y enero. En ese sentido, destacó la importancia de las redes de trampas, los equipos de monitoreo y los trabajos de infectividad.

Los últimos registros de tres a cuatro semanas mostraban una tendencia descendente, con presencia baja del insecto. Esto permite mantener expectativas favorables para el inicio de la campaña.

 

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