La presencia de cenizas del forraje por encima de los niveles naturales representa un problema para la alimentación del ganado. El exceso de tierra incorporada al alimento puede afectar la absorción de nutrientes, reducir el consumo y comprometer las ganancias de peso.
El Ing. Agr. Pablo Cattani, director de Espacio Forrajero y especialista en forrajes conservados, explicó que el contenido de cenizas permite medir la cantidad de tierra presente en el alimento.
Los organismos vivos contienen entre un 3% y un 5% de minerales, que se expresan como cenizas. Los valores que superan ese rango indican la incorporación de minerales externos, principalmente tierra, que no aportan beneficios nutricionales.
Según Cattani, cuando un análisis bromatológico registra entre un 10% y un 11% de cenizas, se estima que hay unos 60 kilos de tierra por tonelada de materia seca de forraje. Esto significa que, por cada 10 kilos de materia seca consumidos, un animal puede ingerir al menos medio kilo de tierra. Se trata de un nivel que merece atención en los sistemas ganaderos actuales.
Menor absorción de nutrientes y pérdida de productividad
Uno de los principales efectos del exceso de cenizas es la reducción de la absorción de vitaminas y aminoácidos. Según el especialista, esta disminución puede ubicarse entre el 20% y el 30%.
El impacto alcanza al funcionamiento del sistema digestivo y puede traducirse en una menor producción de carne y leche. También se compromete la digestibilidad de la fibra, un aspecto central para aprovechar mejor los forrajes conservados. Aunque se realicen mejoras en el acondicionado, la materia seca, la logística y el uso de rastrillos, la incorporación de tierra puede limitar esos avances.
Cattani señaló que, en los encierres a corral, los niveles de cenizas registrados actualmente pueden provocar una caída de hasta 200 gramos en la ganancia diaria de peso por animal.
A esto se suma una posible disminución del consumo, vinculada con la menor palatabilidad del alimento. La presencia de tierra también puede favorecer fermentaciones deficientes, como la fermentación butírica, y complicar la conservación del ensilaje.
La importancia de medir para corregir
El problema no termina en la calidad del alimento. La acumulación de tierra puede afectar la mucosa del sistema digestivo y depositarse en el rumen. En situaciones extremas, también puede generar consecuencias sobre la dentición del ganado.
Por eso, el especialista planteó la necesidad de revisar las prácticas de confección y manejo de los forrajes. El objetivo es reducir la contaminación con tierra y aprovechar mejor el valor nutritivo del alimento.
En ese sentido, destacó que los análisis bromatológicos son una herramienta indispensable para conocer la composición del forraje y detectar desvíos.
Medir el contenido de cenizas del forraje permite dimensionar las pérdidas y tomar decisiones correctivas. La incorporación de estos controles puede contribuir a mejorar la eficiencia productiva y los resultados de los rodeos.







