La conectividad se convirtió en uno de los factores más importantes para la evolución de la agricultura de precisión en Argentina.

Lo que comenzó en la década de 1990 con simples mapas de rendimiento almacenados en memorias de apenas 1 MB, hoy permite transmitir información en tiempo real desde cualquier establecimiento rural.

El ingeniero agrónomo Fernando Scaramuzza, especialista en agricultura de precisión, repasó la evolución tecnológica que acompañó al sector agropecuario durante las últimas tres décadas. Según explicó, los primeros mapas de rendimiento generados en el país almacenaban sus datos en tarjetas PCMCIA con capacidades muy limitadas.

Con el paso del tiempo aparecieron memorias de mayor capacidad, luego los pendrives y más tarde las tarjetas SD. Sin embargo, toda la información debía ser trasladada físicamente hasta una oficina para ser procesada.

“En aquella época contábamos con pocas computadoras portátiles y los datos se descargaban en sistemas GIS específicos de agricultura de precisión”, recordó Scaramuzza. Estas herramientas permitían analizar la información recolectada en el lote y generar recomendaciones para mejorar la toma de decisiones.

De la telemetría a la conectividad satelital

La evolución tecnológica continuó con la llegada de la telemetría. Uno de los hitos recordados por el especialista fue la presentación de sistemas capaces de transmitir datos de cosechadoras hacia plataformas remotas, una innovación que anticipó la transformación digital del agro.

Más adelante, la denominada Cuarta Revolución Agroindustrial impulsó el desarrollo de empresas tecnológicas enfocadas en la generación de bienes y servicios digitales para el sector. Estas herramientas comenzaron a procesar información tanto dentro como fuera de las tranqueras.

Sin embargo, existía una limitante clave: la falta de acceso a internet en amplias zonas rurales. Esa situación comenzó a modificarse a fines de 2023 con la expansión de la conectividad satelital mediante redes de satélites de órbita baja.

Esta tecnología permitió brindar acceso a internet en regiones donde no llegaban las redes móviles ni la fibra óptica. De acuerdo con Scaramuzza, el crecimiento fue exponencial: de unas 3.000 conexiones iniciales se pasó a cerca de un millón de conexiones a mediados de 2026.

Beneficios agronómicos para el productor

Más allá del avance tecnológico, el especialista destacó que el verdadero valor de la conectividad está en los beneficios agronómicos que aporta al productor.

Entre las principales ventajas mencionó el respaldo automático de datos, el monitoreo permanente de cultivos, la descarga de imágenes satelitales, la asistencia técnica remota y la posibilidad de realizar asesoramiento online desde cualquier lugar.

Además, la disponibilidad de internet en el campo facilita el acceso inmediato a información estratégica para la gestión productiva y mejora la velocidad en la toma de decisiones.

“Hoy podemos contar con acceso a internet en zonas donde hace pocos años era impensado”, señaló Scaramuzza. Este escenario marca un nuevo paradigma para la agricultura de precisión y abre la puerta a una integración cada vez mayor entre tecnología, datos y producción agropecuaria.

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