Sembrar con precisión requiere planificación, análisis de datos y decisiones agronómicas antes de que la sembradora llegue al lote. Así lo explicó el Ing. Agr. Fernando Scaramuzza en una nueva edición de Agro Inteligencia.

El especialista destacó que el inicio de una campaña no debe asociarse únicamente con el momento en que comienza la implantación. Por el contrario, existe una etapa previa fundamental para conocer las condiciones de cada ambiente.

Actualmente, los lotes presentan distintos niveles de variabilidad. Esta situación puede estar relacionada con el tipo de suelo, la serie de suelo o el relieve. Además, pueden influir los cultivos antecesores, el contenido de agua y la materia orgánica. Por eso, el primer paso consiste en identificar las causas de esas diferencias.

 

Datos para tomar mejores decisiones

Para conocer la variabilidad, existen distintas fuentes de información. Entre ellas se encuentran los datos de rendimiento, las imágenes satelitales y las cartas de suelo.

También resultan útiles los relevamientos de altimetría y los registros de labores realizadas anteriormente. Todos estos datos permiten construir una visión más precisa de cada lote.

El desafío consiste en ordenar y procesar los datos georreferenciados. Luego, esa información puede transformarse en herramientas concretas para la toma de decisiones. A partir de allí aparecen preguntas vinculadas con la elección de variedades e híbridos. También se debe definir la densidad y la estrategia de fertilización para cada ambiente.

De esta manera, la variabilidad del lote se convierte en un elemento central para definir la estrategia de siembra. Las decisiones deben contar con respaldo agronómico y económico.

Scaramuzza también remarcó la importancia de validar los resultados a campo. Este proceso debe repetirse campaña tras campaña para evaluar el impacto de las decisiones adoptadas.

 

Tres pilares para una siembra precisa

El especialista señaló que la siembra precisa se sostiene sobre tres pilares fundamentales. El primero es el conocimiento de la variabilidad existente en el lote. El segundo está relacionado con la disponibilidad de datos confiables. Finalmente, el tercer pilar es la información que permite tomar decisiones agronómicas y económicas.

En este contexto, sembrar con precisión implica utilizar los datos de manera eficiente. El objetivo es adaptar las decisiones a las características de cada ambiente.

Así, el resultado de una futura cosecha comienza mucho antes de la siembra. La planificación previa permite reducir incertidumbres y avanzar hacia un manejo más eficiente de los recursos.

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