Los suelos semiáridos enfrentan un desafío creciente debido a la mayor frecuencia de lluvias intensas. Especialistas del INTA advirtieron que el manejo de la cobertura vegetal y la conservación del carbono orgánico son claves para minimizar la pérdida de recursos, proteger la estructura del suelo y sostener la productividad.

Un estudio realizado por el INTA en la cuenca de El Morro, en San Luis, demostró que la erosión hídrica no depende únicamente de la cantidad de lluvia. También influyen la textura del suelo, el contenido de carbono orgánico y las prácticas de manejo implementadas por los productores.

Para la investigación se utilizó un simulador de lluvias que aplicó 36 milímetros en apenas diez minutos, reproduciendo un evento de alta intensidad. Los resultados mostraron que los suelos destinados a la agricultura perdieron entre dos y siete veces más sedimentos que aquellos cubiertos por vegetación natural durante este tipo de precipitaciones.

 

Cobertura vegetal y carbono, las claves para proteger los suelos semiáridos

Los investigadores señalaron que las mayores tasas de erosión se registraron en lotes agrícolas con bajos niveles de carbono orgánico. Esa condición reduce la estabilidad estructural del suelo y aumenta la facilidad con la que las partículas son arrastradas por el agua.

Además, observaron que los suelos con mayor proporción de limo y arcilla presentan una mayor vulnerabilidad cuando disminuye el contenido de carbono. En cambio, los ambientes con vegetación natural responden de manera diferente. Aunque pueden registrar un mayor escurrimiento superficial, generan una lámina de agua que protege la superficie y reduce el desprendimiento de sedimentos.

Frente a este escenario, el INTA recomienda mantener una cobertura vegetal de al menos el 30 %. Para lograrlo, propone incorporar cultivos de cobertura, como centeno durante los barbechos, y conservar adecuadamente los rastrojos bajo siembra directa.

Estas prácticas disminuyen el impacto de las gotas de lluvia y favorecen la estabilidad de los agregados gracias al desarrollo de las raíces.

En los ambientes donde el carbono orgánico es inferior al 0,5 % o donde la agricultura presenta limitaciones, los especialistas aconsejan incorporar pasturas perennes como alfalfa o pasto llorón para recuperar la estabilidad del sistema.

Otra recomendación es adaptar el manejo a la textura de cada lote. Los suelos arenosos requieren cobertura para evitar el desprendimiento de partículas, mientras que los franco arenosos, necesitan una atención especial porque combinan alto escurrimiento con elevada susceptibilidad a la erosión.

Finalmente, los técnicos destacaron la importancia de planificar acciones a escala de cuenca. En ese sentido, indicaron que obras de sistematización, como las terrazas, ayudan a disminuir la velocidad del agua, favorecen la infiltración y contribuyen a preservar los suelos semiáridos frente a eventos climáticos extremos.

Fuente: Inta Informa

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