La campaña agrícola 2026/27 podría ofrecer buenas oportunidades de rendimiento, pero también mayores desafíos sanitarios. En un escenario asociado a El Niño, la protección fungicida será clave para cuidar el potencial productivo. El monitoreo, el diagnóstico y la calidad de aplicación tendrán un papel determinante.

En las zonas donde coincidan lluvias frecuentes, humedad elevada y temperaturas cálidas, podrían generarse condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades. Sin embargo, el impacto climático variará según la región y el ambiente. Por eso, las decisiones deberán ajustarse a la evolución del clima y al estado de cada cultivo.

“Una campaña con buena oferta hídrica invita a pensar en mayores rendimientos, pero también exige prestar más atención a la sanidad”, explica Juan Pablo Timpone, gerente global de Tecnologías de Aplicación de Rizobacter.

 

El riesgo detrás de una campaña de alto potencial

Cada decisión agronómica contribuye a construir el rendimiento. La siembra, la nutrición y el manejo del lote forman parte de ese proceso. No obstante, las enfermedades pueden comprometer los resultados si no se detectan y manejan oportunamente.

El monitoreo permanente y el diagnóstico preciso permiten anticipar riesgos y definir las intervenciones. La estrategia debe considerar el cultivo, el patógeno, el estado fenológico, las condiciones ambientales y los antecedentes del lote.

En este contexto, la protección fungicida no debería limitarse a responder ante síntomas visibles. El objetivo es preservar el área foliar y sostener la capacidad productiva durante las etapas decisivas.

 

Aplicar un fungicida no garantiza una buena protección

La elección del producto y el momento de aplicación son fundamentales. Pero también importa cómo llega el tratamiento a la planta. Una aplicación comienza en el tanque, pero se define sobre el blanco. Las gotas deben alcanzar la superficie foliar, distribuirse adecuadamente y permanecer el tiempo necesario para favorecer la acción del producto.

En cultivos con abundante desarrollo vegetativo, lograr una cobertura uniforme puede resultar más complejo. Los sectores con menor llegada del caldo pueden quedar menos protegidos, especialmente cuando la presión sanitaria es elevada.

Por eso, el tamaño y la cantidad de gotas, el volumen de caldo, las condiciones ambientales y la composición de la mezcla deben evaluarse en conjunto. La calidad de aplicación deja de ser un aspecto exclusivamente operativo y se convierte en parte de la estrategia sanitaria.

 

Adyuvantes para mejorar el desempeño de las gotas

Los adyuvantes pueden contribuir a optimizar el comportamiento de las aplicaciones. Su función es acompañar la llegada de la mezcla al objetivo y favorecer su distribución sobre la superficie vegetal.

En ese segmento, Rizobacter presenta Rizospray Wet, un adyuvante siliconado orientado a mejorar el desempeño de las aplicaciones. Según la compañía, la tecnología busca aportar estabilidad a las mezclas, controlar la espuma y reducir la evaporación, incluso ante formulaciones complejas y condiciones ambientales poco favorables.

En combinación con tratamientos fungicidas, el producto apunta a favorecer la cobertura, el esparcimiento y la distribución de las gotas sobre el follaje. También busca mejorar su permanencia sobre el objetivo, un factor relevante cuando es necesario alcanzar una superficie vegetal amplia.

“También importa cuánto de esa mezcla llega al cultivo, cómo se distribuye y qué superficie logra cubrir”, sostiene Timpone. El especialista destaca la importancia de considerar el proceso completo para obtener aplicaciones más consistentes.

 

La calidad de aplicación también se refleja en los resultados

La calidad de aplicación puede analizarse mediante variables como el comportamiento de las gotas, la cobertura y el desempeño del tratamiento. En el caso de Rizospray Wet, la empresa menciona ensayos realizados en combinación con herbicidas. Estas evaluaciones permiten observar aspectos de su comportamiento durante la aplicación, aunque no constituyen por sí mismas una demostración de resultados específicos en tratamientos fungicidas.

Por eso, la elección de la tecnología debe acompañarse de una evaluación técnica acorde con el cultivo, el producto utilizado y las condiciones de aplicación.

 

Proteger hoy el rendimiento de mañana

Una mayor disponibilidad de agua puede impulsar el crecimiento y abrir oportunidades productivas. Sin embargo, también puede prolongar el mojado foliar y favorecer el desarrollo de enfermedades en determinados ambientes.

Frente a una campaña influida por El Niño, el desafío será convertir el potencial climático en rendimiento cosechable. Para conseguirlo, el monitoreo, el diagnóstico oportuno y la calidad de aplicación deberán integrarse al manejo sanitario.

Cuando aumentan las posibilidades de producir, también crece la importancia de proteger lo construido durante toda la campaña.

Conocé más sobre Rizospray Wet y las tecnologías de aplicación de Rizobacter

 

Compartir