El director de Espacio Forrajero, el ingeniero agrónomo Pablo Cattani, propone esta semana una consigna clara para los sistemas productivos: ordenar lo ocurrido durante la campaña y anticipar decisiones de cara al otoño y el invierno.

La premisa surge tras un ciclo marcado por lluvias abundantes y condiciones poco habituales.

En primer lugar, el exceso hídrico condicionó el manejo de los cultivos. Muchos maíces comenzaron a picarse con baja materia seca, en gran parte por la presión sobre la cadena forrajera. Además, varios lotes de primera llegaron a esta época con un grado de madurez inferior al esperado. A esto se suma el efecto “stay green”, que en este contexto jugó en contra del objetivo de lograr un buen equilibrio entre rendimiento y calidad.

Por otro lado, el sorgo ganó protagonismo como alternativa. Se trata de un cultivo muy versátil, capaz de responder tanto en ambientes favorables como adversos. Sin embargo, incluso en zonas donde no suele destacarse, las condiciones climáticas impulsaron una excelente producción de grano.

No obstante, el problema aparece al entrar en otoño. El sorgo no siempre alcanza la sazón adecuada en este momento, lo que deriva en bajos niveles de materia seca. Actualmente, en muchos casos no se supera el 30%, cuando lo ideal sería ubicarse entre el 32% y el 35%.

Impacto en la calidad y ajustes en la alimentación

En consecuencia, estos valores afectan la calidad nutricional de los forrajes. Por un lado, puede registrarse una menor concentración energética, especialmente en materiales con menor proporción de grano. Por otro, la digestibilidad también se ve comprometida.

Frente a este escenario, los sistemas tienden a corregir la falta de materia seca mediante el agregado de fibra. Sin embargo, aquí surge una nueva limitante. Debido a las lluvias persistentes, la disponibilidad de heno de alfalfa de buena calidad es baja en gran parte del país.

Por lo tanto, se configura un doble desafío: materiales con baja digestibilidad que deben complementarse con fibras que tampoco presentan altos estándares. En algunos planteos, además, será necesario incorporar grano seco para sostener los niveles productivos.

Como resultado, los tiempos operativos se verán afectados. Las cargas serán más largas, los circuitos de alimentación demandarán más tiempo y las mezclas tendrán mayor volumen. Esto implica una posible reducción en la eficiencia de los mixers y una mayor exigencia sobre los comederos.

Finalmente, Cattani destaca que no se trata de una campaña necesariamente negativa. Sin embargo, insiste en la importancia de prestar atención a los detalles. Un seguimiento cercano permitirá evitar sorpresas durante un otoño prolongado o un invierno exigente, especialmente al momento de ajustar la suplementación y el manejo diario.

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