El avance de los drones agrícolas en Argentina marca un punto de inflexión en los sistemas productivos. Esta tecnología, que gana terreno rápidamente, permite mejorar la eficiencia operativa y optimizar decisiones agronómicas.

En la actualidad, los drones agrícolas ya cubren más de 2 millones de hectáreas en el país, consolidándose como una herramienta clave dentro de la agricultura de precisión.

Según explicó el ingeniero agrónomo Fernando Scaramuzza, especialista en agricultura de precisión, el crecimiento responde a una combinación de factores. Por un lado, la capacidad operativa de los equipos. Por otro, la necesidad de producir más con mayor eficiencia.

En este contexto, los equipos actuales pueden cubrir entre 25 y más de 30 hectáreas por hora, dependiendo del modelo y las condiciones de trabajo. Esto representa un salto significativo frente a otras tecnologías, especialmente en tareas como pulverización y fertilización.

Además, la evolución del mercado ha sido notable en poco tiempo. Durante 2024 se trabajaron cerca de 50.000 hectáreas con esta tecnología. Sin embargo, en 2025 la superficie superó el millón de hectáreas. Actualmente, el parque activo ronda los 2.500 equipos operativos en todo el país.

De los satélites a los drones: una evolución tecnológica

Por otra parte, el uso de los drones agrícolas se inscribe en un proceso más amplio de innovación. La observación remota de cultivos comenzó en la década de 1960 con los primeros satélites. Luego, en los años 70, el programa Landsat permitió avances significativos.

Posteriormente, en 2008, la liberación de datos históricos impulsó el desarrollo de herramientas Agtech. Esto facilitó el acceso a imágenes y mejoró la toma de decisiones en el agro. En consecuencia, los drones se integran como una evolución lógica de ese proceso.

Desde 2020, su adopción se aceleró con nuevas aplicaciones. Actualmente, se utilizan en siembra, pulverización y fertilización. Asimismo, permiten realizar aplicaciones variables y sectorizadas, ajustadas a las necesidades específicas de cada lote.

Sin embargo, el crecimiento también plantea desafíos. Entre ellos, la necesidad de marcos regulatorios claros y capacitación técnica. En este sentido, se prevé avanzar en conjunto con autoridades provinciales para ordenar el uso de esta tecnología.

Finalmente, Scaramuzza remarcó que el verdadero valor no está solo en el equipo. Por el contrario, el diferencial radica en cómo se integra al sistema productivo. Es decir, en su capacidad para generar información útil y mejorar la toma de decisiones.

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