El girasol fue el gran protagonista de la segunda edición del Congreso Puro Girasol, realizado en Trenque Lauquen. Productores, asesores, investigadores y referentes de la cadena coincidieron en que el futuro del cultivo dependerá cada vez más de decisiones agronómicas respaldadas por evidencia científica.
El encuentro, impulsado por Advanta Semillas, reunió a especialistas que analizaron los principales desafíos para seguir mejorando la productividad. Entre los temas destacados estuvieron la reducción de brechas de rendimiento, la nutrición estratégica y la adopción de tecnologías disponibles.
La jornada fue conducida por el periodista agropecuario Ricardo Bindi y contó con las exposiciones de Diego Rotilli, Martín Díaz Zorita y Matías Saks.
Rotilli presentó un diagnóstico sobre las brechas productivas que aún persisten en el cultivo. Según explicó, Argentina mantiene una diferencia cercana al 35% entre los rendimientos potenciales y los que efectivamente logran los productores.
Para el especialista, el girasol demuestra que la productividad no depende solamente de incorporar más insumos, sino de gestionar correctamente los procesos agronómicos.
“El girasol es probablemente el mejor ejemplo para hablar de procesos más que de insumos”, afirmó. También destacó que el cultivo aporta diversificación de riesgo gracias a su adaptación a ambientes restrictivos y a su baja correlación con otros cultivos estivales.
Entre los factores que más influyen sobre los rendimientos mencionó la disponibilidad de fósforo, la nutrición nitrogenada, la fecha de siembra y la densidad de plantas.
Nutrición y manejo para cerrar brechas
El investigador Martín Díaz Zorita puso el foco en la nutrición como una cuestión de oportunidad. Según explicó, no solo importa la cantidad de nutrientes aplicada, sino también el momento en que están disponibles para la planta.
El especialista señaló que el fósforo resulta fundamental para el desarrollo temprano de las raíces. Un sistema radicular eficiente permite una mejor captación de agua y nutrientes durante todo el ciclo.
Respecto al nitrógeno, indicó que favorece la generación de área foliar activa, especialmente en la parte superior de la planta. Esa estructura sostiene gran parte de la fotosíntesis luego de la floración y contribuye a la acumulación de aceite en el grano.
Díaz Zorita recomendó prestar especial atención a las aplicaciones realizadas entre los estadios V6 y V8, ya que suelen coincidir con momentos de elevada demanda nutricional.
También destacó la creciente importancia del azufre y del boro. El primero ayuda a la planta a enfrentar situaciones de estrés hídrico, mientras que el segundo contribuye a mantener la integridad estructural del cultivo y evitar problemas en el capítulo.
El cierre del panel estuvo a cargo de Matías Saks, de Bunge Argentina. El especialista remarcó que existe una importante brecha entre el potencial agronómico conocido y las prácticas que efectivamente llegan al lote.
Según datos presentados durante el congreso, el cultivo representa apenas el 3% del consumo total de fertilizantes del país. Además, las dosis promedio aplicadas se mantienen prácticamente estables desde hace varios años.
Para Saks, una de las grandes oportunidades consiste en avanzar hacia esquemas de nutrición balanceada adaptados a cada ambiente productivo. Destacó que hoy existen herramientas y tecnologías que permiten mejorar significativamente la eficiencia en el uso de nutrientes. Incluso señaló que, en ambientes de alto potencial, la corrección adecuada de las limitantes nutricionales puede generar incrementos productivos superiores a los 2.000 kilos por hectárea.
Las conclusiones del congreso dejaron un mensaje claro: la próxima etapa de crecimiento del girasol argentino estará impulsada por una mejor utilización del conocimiento disponible. Reducir brechas productivas, optimizar la nutrición y adoptar tecnologías probadas aparecen como los pilares para seguir elevando los rendimientos del cultivo.







