La campaña agrícola en Santiago del Estero atraviesa una etapa de definiciones. Por un lado, los cultivos invernales llegan al cierre de su ciclo de implantación con buenas condiciones generales. Por otro, la campaña gruesa 2026/27 comienza a mostrar cambios en la intención de siembra.

Según explicó el Ing. Agr. Tomás Kember, del Departamento de Información Agronómica de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA), agosto presentó dos realidades bien marcadas.

La primera está vinculada con los cultivos de invierno. La segunda se relaciona con las decisiones que comienzan a tomar los productores para la próxima campaña estival.

En este contexto, el trigo ocupa unas 322.000 hectáreas, mientras que el garbanzo alcanza aproximadamente las 14.000 hectáreas. En general, ambos cultivos presentan una buena condición. Sin embargo, existen algunos contrastes entre lotes. Las diferencias están principalmente relacionadas con la disponibilidad de agua en cada zona.

Además, el trigo comienza a transitar su período crítico. Por eso, la disponibilidad hídrica será un factor determinante para definir su potencial productivo.

En cuanto al garbanzo, se observa una mejora en su estado general respecto de la estimación realizada durante julio.

El maíz pierde superficie frente a la amenaza de la chicharrita

De cara a la campaña gruesa 2026/27, las primeras estimaciones muestran un escenario diferente para algunos cultivos.

En principio, se proyectan aumentos de superficie para soja, girasol y sorgo. En cambio, el maíz reduciría su área implantada. La principal razón está relacionada con la amenaza que representa la chicharrita del maíz y el complejo del achaparramiento. A esto se suman los bajos rendimientos registrados en algunas zonas durante la campaña anterior.

Por lo tanto, esta situación favorecería un traslado de superficie hacia alternativas consideradas de menor riesgo. Entre ellas aparecen principalmente el sorgo, la soja y el girasol.

De todos modos, el maíz cerraría la campaña 2025/26 con un importante crecimiento productivo. La estimación alcanza 4,7 millones de toneladas, volumen que triplicaría el obtenido durante el ciclo anterior.

No obstante, los resultados presentan una marcada heterogeneidad. Los rindes fueron muy diferentes entre las distintas zonas productivas de Santiago del Estero.

Así, la campaña agrícola en Santiago del Estero comienza a mostrar decisiones más defensivas. El impacto de la chicharrita aparece como uno de los principales factores para definir la superficie de maíz.

Un escenario climático que puede favorecer a los cultivos

El comportamiento del clima también será clave durante los próximos meses. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional para septiembre, octubre y noviembre, existe una mayor probabilidad de precipitaciones normales o superiores a lo normal.

Esta condición abarcaría buena parte del área agrícola argentina. Además, el escenario se encuentra asociado con la señal climática del fenómeno El Niño.

De concretarse estas condiciones, podría mejorar la disponibilidad de agua. Esto sería favorable para los cultivos de invierno que atraviesan etapas avanzadas de desarrollo. Asimismo, las lluvias podrían aportar condiciones adecuadas para el inicio de la campaña gruesa.

En materia de temperaturas, el escenario resulta más contrastante. El norte del país tendría mayores probabilidades de registros normales a superiores a lo normal. Mientras tanto, provincias como Córdoba, Buenos Aires y La Pampa presentarían mayores probabilidades de temperaturas inferiores a lo normal. Este comportamiento podría incrementar el riesgo de heladas tardías, especialmente durante las primeras etapas de los cultivos estivales.

En síntesis, Santiago del Estero atraviesa un momento decisivo para su agricultura. Los cultivos invernales mantienen una buena condición general, mientras comienzan las decisiones sobre la próxima campaña.

Por ahora, el escenario anticipa una menor intención de maíz y un mayor interés por sorgo, soja y girasol. De esta manera, la campaña agrícola en Santiago del Estero empieza a reconfigurarse frente a los riesgos productivos y climáticos.

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