Tener una buena disponibilidad de forraje no garantiza buenos resultados productivos. Transformar el pasto en kilos de carne es el verdadero desafío de los sistemas ganaderos y requiere planificación, manejo de las cargas y una adecuada cadena forrajera.

Así lo explicó el ingeniero agrónomo Víctor Burghi, director de Ganadería y Pasturas 4.0, al analizar los principales aspectos que debe considerar un productor para mejorar la eficiencia de su establecimiento.

El especialista destacó que el pasto constituye la fuente de alimentación más económica de la producción ganadera. Sin embargo, advirtió que disponer de grandes cantidades no significa necesariamente estar haciendo las cosas bien.

La clave está en lograr una transformación eficiente del recurso disponible. Esto implica que los animales puedan aprovecharlo en el momento adecuado y convertirlo en ganancias de peso.

Uno de los problemas frecuentes aparece cuando se produce un exceso de pasto durante determinados períodos del año. En el norte de Córdoba y el NOA, las especies megatérmicas presentan altas tasas de crecimiento, pero también pierden calidad rápidamente.

Por eso, Burghi consideró fundamental medir y planificar el aprovechamiento del recurso. No alcanza con observar el volumen de pasto disponible: también hay que evaluar su calidad y la capacidad de los animales para utilizarlo.

 

Cadenas forrajeras para aprovechar mejor el recurso

Otro aspecto central es diversificar la oferta de forraje. El técnico planteó la necesidad de incorporar distintas especies para cubrir los requerimientos del rodeo durante todo el año.

Como ejemplo, comparó la ganadería con la producción lechera. En los tambos se planifica la disponibilidad de pasturas de invierno y verano, reservas, silajes y suplementación. En cambio, muchos establecimientos ganaderos todavía dependen del pastizal natural o de una sola especie.

En el norte del país, el gatton panic es una de las forrajeras más difundidas. Sin embargo, su crecimiento depende de la disponibilidad de agua, temperatura y humedad. Cuando se dan esas condiciones, puede producir grandes volúmenes de pasto en poco tiempo. Esa explosión de crecimiento, sin un manejo adecuado, provoca una rápida pérdida de calidad y limita el aprovechamiento por parte de los animales.

Frente a este escenario, Burghi recomendó incorporar al menos dos o tres especies, además del pastizal natural. Esto permite ampliar la oferta y generar alternativas ante períodos de sequía o excesos de precipitaciones.

La elección también debe considerar las características de cada ambiente. En las Sierras, por ejemplo, el pasto buffel tiene un papel importante. Hacia Deán Funes y el norte de Córdoba se amplían las opciones con grama, gatton panic y coloratum.

En sectores próximos a la costa del río Dulce y la laguna Mar Chiquita, donde predominan los suelos salinos, aparecen alternativas como grama rhodes y determinados cultivares de Panicum coloratum. También se desarrollan nuevos materiales adaptados a esas condiciones.

 

Planificar frente a los cambios climáticos

El especialista señaló que los productores deberán acostumbrarse a una mayor frecuencia de variaciones climáticas. Por eso, contar con alternativas forrajeras será cada vez más importante para sostener la producción.

Un exceso de pasto no significa necesariamente que el sistema funcione correctamente. Es indispensable manejar la calidad, ajustar las cargas y aprovechar el forraje en el momento oportuno.

También recomendó planificar reservas y evaluar oportunidades comerciales. Entre ellas mencionó la apertura de pastoreos y el alquiler de lotes para aprovechar excedentes.

En definitiva, transformar el pasto en kilos de carne exige mucho más que disponer de una buena base pastoril. Requiere medir, diversificar y anticiparse a las condiciones de cada campaña.

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