Los fungicidas fueron el eje central de una jornada a campo en Hernando, donde técnicos y productores analizaron estrategias de manejo en el cultivo de maní. El encuentro, organizado por JV – Desarrollos de Insumos Agropecuarios, bajo la dirección del ingeniero agrónomo Julio Gallo, puso el foco en el uso correcto de herramientas sanitarias y en la generación de información técnica confiable.
Desde hace más de 16 años, el equipo trabaja en investigación y desarrollo de productos, además de asesorar a productores en el manejo integral de cultivos. En esta oportunidad, la jornada se centró en los fungicidas, un componente clave frente al complejo de enfermedades que afectan al maní.
El cultivo presenta múltiples desafíos sanitarios. Enfermedades como viruela, esclerotinia y roya obligan a un manejo preciso. Por eso, la capacitación constante y la evaluación de nuevos productos resultan fundamentales para mejorar la eficiencia productiva.
Manejo estratégico y generación de información técnica
Uno de los puntos destacados fue la importancia del correcto posicionamiento de los productos. En maní, las aplicaciones de fungicidas suelen ser entre tres y cuatro por campaña. No todos los productos funcionan igual en cada momento, por lo que su ubicación dentro del esquema de control es determinante.
También se remarcó que el objetivo de estas jornadas no es comercial. El foco está puesto en analizar ventajas y limitaciones de cada herramienta. Se busca que los técnicos comprendan cómo maximizar resultados y evitar errores de uso.
“El desarrollo de nuevos productos lleva años de trabajo. Antes de salir al mercado, un fungicida puede atravesar hasta 15 años de investigación”, explicó Gallo a Campo Directo. En Argentina, estos procesos tienen un fuerte componente local, con ensayos a campo que permiten validar resultados en condiciones reales.
Durante la jornada se observaron ensayos con enfermedades como foma, botritis y distintas variantes de esclerotinia. Además, se detectó la presencia de roya, algo poco frecuente en campañas anteriores. Este escenario obligó a ajustar estrategias y diferenciar tratamientos según la eficacia de cada producto.
Otro aspecto relevante fue el uso de biológicos. Si bien representan una alternativa, no siempre alcanzan por sí solos en situaciones de alta presión sanitaria. En esos casos, el monitoreo permanente del cultivo resulta clave para tomar decisiones a tiempo.
Finalmente, el profesional sostuvo que el manejo del maní está en constante evolución. La aparición de nuevas enfermedades y la mayor sensibilidad de algunos cultivares obligan a actualizar conocimientos. En este contexto, los fungicidas siguen siendo una herramienta fundamental, pero su uso debe integrarse dentro de un esquema técnico bien planificado.







