La siembra de alfalfa vuelve a estar en el centro de la escena al comenzar el otoño, un momento considerado estratégico para lograr buena implantación, rendimiento y persistencia del cultivo.
Según explicó el ingeniero agrónomo Pablo Cattani, director de Espacio Forrajero, la siembra de alfalfa otoñal ofrece ventajas agronómicas claras frente a otras fechas de implantación. Aunque es posible sembrar en primavera, el otoño permite mejorar la competencia contra las malezas y favorecer el desarrollo radicular.
Además, durante la última campaña se observó otro factor que refuerza la importancia de esta ventana: la compactación del suelo. Cuando la implantación se realiza fuera del momento adecuado, las raíces tienden a desarrollarse menos o a torcerse, lo que afecta el potencial de los cultivares sembrados.
Manejo del suelo y calidad de implantación
Para lograr una buena implantación, el primer paso es conocer el perfil del suelo. No solo en términos de nutrientes, sino también en lo que respecta a densidad y posibles capas compactadas.
En muchos lotes se detectaron problemas de desarrollo radicular vinculados justamente a suelos compactados. Por eso, el manejo previo del lote y el cultivo antecesor también influyen en el éxito de la implantación.
En ese sentido, Cattani señaló que dentro de la rotación es preferible evitar antecesores leguminosos. Si el cultivo previo es maíz, resulta más conveniente que sea un maíz destinado a picado y no a cosecha. Otra alternativa válida puede ser un verdeo de verano que haya sido utilizado para rollos.
Cuando el objetivo es producir heno, el especialista recomienda la labranza convencional. Este sistema permite evitar residuos en los primeros cortes y facilita una correcta colocación de la semilla.
La ubicación de la semilla es un aspecto clave. Más que la profundidad exacta, lo importante es que quede ubicada en el “pelo de agua”. Esto significa que la semilla debe estar en contacto con la humedad del suelo, sin quedar enterrada en exceso.
Si la semilla se entierra demasiado, conviene retirar la rueda tapadora. En cambio, si queda en posición subsuperficial, lo ideal es que pueda observarse parcialmente. De esta manera se favorece una emergencia más rápida y pareja.
Con una implantación adecuada, a los 120 días es posible alcanzar unas 300 plantas por metro cuadrado, un valor considerado óptimo para el cultivo.
Densidad y calidad de semilla
Otro aspecto fundamental en la siembra de alfalfa es la densidad. El especialista recomienda utilizar entre 20 y 24 kilos de semilla por hectárea. En algunos casos se puede trabajar con 18 kilos, pero reducir demasiado la dosis puede comprometer la implantación.
Si se utilizan menos de 15 kilos por hectárea, se puede optar por una sola pasada de siembra. En cambio, con mayores densidades se recomienda realizar doble pasada cruzada o utilizar siembra guiada con piloto automático.
También es importante observar el porcentaje de material inerte de la semilla. Este recubrimiento, conocido como peleteado, puede influir en la cantidad real de semillas viables que se implantan.
Por eso, al momento de elegir semilla, no conviene mirar únicamente el precio. La decisión debe analizarse en términos de costo productivo, ya que se trata de un cultivo pensado para permanecer entre tres y cuatro años en el lote.







