El consumo de carne volvió a retroceder en la Argentina y confirma un cambio en los hábitos alimentarios.
Según un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), se consumen cinco kilos menos de carne vacuna por persona al año. Además, el consumo de carne se ve afectado por la suba de precios y por un contexto internacional que empieza a presionar los costos.
En paralelo, los argentinos incrementaron la ingesta de carne de cerdo en un kilo y medio anual. Este reemplazo responde, en gran medida, a la diferencia de precios entre ambas proteínas. Mientras la carne vacuna aumentó un 64% en el último año, la de cerdo subió un 25%, por debajo de la inflación general del 33%.
Asimismo, el informe señala un aumento del 7% en el consumo de lácteos. Este comportamiento se explica porque sus precios crecieron por debajo del promedio inflacionario. Por lo tanto, las familias ajustan sus decisiones en función del bolsillo.
Por otra parte, el escenario internacional comienza a impactar en el mercado local. En particular, el conflicto en Medio Oriente genera presión sobre los costos logísticos. El posible encarecimiento del combustible, vinculado a tensiones en el estrecho de Ormuz, afecta directamente los fletes.
De la producción a la góndola: cómo se forman los precios
Desde el campo hasta la mesa, los precios de los alimentos se construyen a partir de múltiples factores. Cada etapa suma costos, impuestos y márgenes de ganancia. En consecuencia, el valor final dista de ser arbitrario.
En el caso de la carne, el 51% del precio corresponde a costos de producción. A esto se suman un 28% de impuestos y un 21% de ganancia. En tanto, producir un kilo de carne implica años de inversión en cría, alimentación y sanidad animal.
Si se analiza por eslabones, la cría representa el 35% del precio final. Luego aparecen el feedlot con el 16%, la carnicería con el 20% y el frigorífico con apenas el 1%. Los impuestos, en tanto, mantienen un peso significativo.
En el pan, el 61% del precio son costos, el 24% impuestos y el 15% ganancias. La mayor incidencia se da en la panadería, que explica el 65% del valor final. En cambio, el trigo representa solo el 7%.
Por su parte, la leche muestra una estructura aún más ajustada. El 71% del precio corresponde a costos, el 26% a impuestos y apenas el 3% a ganancias. Así, el margen de rentabilidad es mucho más reducido.
Además, los impuestos continúan siendo un componente central. En promedio, uno de cada cuatro pesos del precio final corresponde a carga impositiva. Entre ellos se destacan el IVA, Ingresos Brutos y tasas municipales.
En este contexto, cambios en los costos o en los tributos pueden alterar los precios finales. Sin embargo, los granos tienen una incidencia menor de lo que suele suponerse. Por ejemplo, el maíz representa solo el 6% del precio de la carne vacuna.
Finalmente, el consumo de carne refleja una combinación de variables locales e internacionales. Mientras los precios siguen en alza, las familias ajustan sus elecciones. Así, el plato de los argentinos continúa transformándose.







